Título compuesto de un binonio: Chanfalla / Gandalla

Título compuesto de un

binonio: Chanfalla / Gandalla

 

Por Frank Turón

 

El término Chanfalla se refiere principalmente a un personaje ficticio, arquetipo del pícaro y embustero, creado por Miguel de Cervantes en su famoso entremés El retablo de las maravillas.

 

  • Dependiendo del contexto literario o lingüístico, su significado varía:

 

1. Contexto Literario (El estafador o embustero)

 

El pícaro de Cervantes: En la literatura clásica, Chanfalla es un comediante de caminos y estafador. Junto a su compañera Chirinos, engaña a las autoridades de un pueblo haciéndoles creer que posee un teatro mágico invisible que solo puede ser visto por quienes no tengan sangre judía o confesiones ocultas. Por extensión, el nombre evoca la figura del charlatán astuto que se aprovecha de la ignorancia, el orgullo o los prejuicios de los demás.

 

Literatura mexicana: El nombre también da título a la tetralogía de novelas “El Chanfalla” del escritor mexicano Gonzalo Martré, donde se utiliza para personificar a un sujeto cínico, espía y delator insertado en movimientos sociales urbanos.

 

  1. Contexto Lingüístico (Derivados y regionalismos)

 

Aunque “Chanfalla” como tal no aparece en el “Diccionario de la Real Academia Española” de forma aislada (sino como nombre propio), se conecta directamente con la raíz de las siguientes palabras:

 

Chanfla: En el Diccionario de la lengua española, significa moneda falsa o, en ámbitos rurales de Aragón, una chapuza (un trabajo mal hecho y sin esmero). En México, se usa coloquialmente para describir a una persona torpe o falta de maña.

 

Chanflear / Chanfle: Modificar o torcer una trayectoria, muy común en el fútbol para referirse al efecto curvo que se le da a la pelota.

 

En México, la palabra gandalla (también escrita a veces como gandaya) se refiere a una persona que se aprovecha de los demás o se apropia de algo de forma abusiva, egoísta y sin respetar reglas ni consideraciones.

 

  • Aprovechado: Alguien que busca sacar ventaja personal en cualquier situación a costa del perjuicio ajeno.
  • Abusivo: Quien pasa por encima de la autoridad, la ley o los derechos de los demás.
  • Sinónimo popular: Se relaciona con términos como oportunista o camorrista.

 

El binomio “Chanfalla – Gandalla” resulta lingüísticamente un término literalmente explosivo.

 

El “Chanfalla es un gandalla” forma parte de la trilogía del célebre escritor hidalguense Gonzalo Martré. El primer tomo de su trilogía “El Chanfalla”, “Tiempo de Buhoneros, merolicos y trapisondistas”, apareció en 1978; el segundo, “Tiempo de tiras, porros y caifanes”, en 1984; y el tercero, “¿Tormenta roja sobre México?”, en 1993. Y ahora, la nueva edición de la trilogía completa (Autoridad del Centro Histórico-Angelito-Editores, 2023).

 

Martré considera que su patria literaria misma que en su mayoría cae dentro del género satírico es un heredero de José Joaquín Fernández de Lizardi. También encuentro una analogía con “Canijo”, la novela del músico y escritor barcelonés Fernando Mansilla, donde uno de los ejes temáticos es la adicción. 

 

Muestra sin filtros el dolor del síndrome de abstinencia (“el mono”) y la constante y desesperada búsqueda de dinero para conseguir la siguiente dosis.

 

  • La destrucción de una generación: Explora cómo el tráfico y consumo de drogas arrasaron los barrios obreros y a toda una época de la sociedad española.

 

  • Retrato coral y callejero: Combina el argot local (caló y andaluz) con una atmósfera de supervivencia, miedo, honor y breves destellos de amor en medio de la miseria.

 

“El Chanfalla es un gandalla” es una novela mural que cuenta la construcci ón del México moderno y sus cambios políticos, visto desde los ojos de Martré, quien proviene del barrio.Retrato de la podredumbre: la picaresca sórdida de Gonzalo Martré.

 

En “El Chanfalla era un gandalla” (reeditada bajo el sello El Angelito Editores/ Autoridad del Centro Histórico, 2023), Gonzalo Martré no apela a la indulgencia ni al esteticismo vacuo. Su empresa es la ejecución de una radiografía implacable sobre el hampa y la decadencia social de la Ciudad de México de mediados del siglo XX.

 

Martré toma el modelo clásico de la novela picaresca —aquel de raíz española donde el pícaro sobrevive mediante la astucia— y lo despoja de toda simpática ingenuidad. El Chanfalla no es un héroe trágico ni un tunante entrañable; es, en palabras de la propia poética del autor, un «bicho malo» engendrado por las entrañas de La Candelaria de los Patos y moldeado bajo el amparo de figuras sórdidas del crimen real, como Lola la Chata. La transformación del delincuente juvenil en un sicario al servicio de las cloacas del Estado y del Servicio Secreto expone la tesis central del libro: la violencia urbana no surge en el vacío, sino que es una extensión natural de la corrupción institucionalizada.

 

Formalmente, la prosa de Martré destaca por un realismo crudo que colinda con el muralismo satírico. 

 

Su manejo del jergo o caló capitalino no funciona como mero adorno folclórico, sino como la sintaxis del cinismo que requiere la masa arrabalera. Sin embargo, la tensión narrativa tambalea ocasionalmente cuando el afán testimonial o la inserción explícita del panorama político (los movimientos sindicales, la represión priísta) subordinan el ritmo de la ficción al peso de la crónica documental.

 

A pesar de esa saturación informativa por momentos estridente, la novela triunfa como testimonio estético de un México subterráneo. Martré demuestra que el “gandallismo”‘ es la verdadera ideología de la supervivencia en la metrópoli, entregando un retablo crudo donde la moral es el primer lujo que se extingue.

 

El Chanfalla es un personaje de ficción que se mueve en los estratos reales de la CDMX. Ante todo está el interés por el barrio. No faltará quien diga que lo denigra como lo hicieron contra Buñuel en “Los Olvidados”, pero es todo lo contrario, le rinde tributo.

 

El Chanfalla es un villano desde la cuna. Cuando era niño roba perros, entre otras maldades.

 

El Chanfalla no es una buena persona, es un gandalla. En el segundo tomo, el Chnfalla se une a una pandilla de niños casi adolescentes; todos ellos hijos de rateros acostumbrados a cometer actos delictivos. Se vuelve un ratero, roba en los camiones, mata un ciego, pero lo hace influenciado por su medio: el barrio me respalda. Más adelante aparece una persona que lo adopta, Lola La Chata, que no era precisamente un alma caritativa; ahí aprende más maldades.

 

Me llama la atención que Vicente Lombardo Toledano aparece con su nombre. Cuando el Chanfalla se infiltra en el movimiento de Valentín Campa, ahí está Valentín con su nombre, así como también los fundadores del comunismo mexicano. El Chanfalla aprovecha que un viejo amigo suyo de la infancia es hijo de un ferrocarrilero y le hace creer a él y a su papá que es del grupo de Valentín Campa y Demetrio Vallejo. Se la pasa vigilándolos y no sospechan nada. Cuando ya todos están presos, se dan cuenta que fueron delatados por el Chanfalla.

 

Crítica literaria: “El Chanfalla es un gandalla”, de Gonzalo Martré (Edición conmemorativa, Angelito Editor, 2023)

 

Gonzalo Martré subvierte el precepto de la novela picaresca clásica al despojar a su protagonista de cualquier atisbo de simpatía, simpatía que el Lazarillo o el “Periquillo Sarniento” procuraban mediante la piedad o la gracia. El Chanfalla es un gandalla articula un fresco social crudo, satírico e implacable de la Ciudad de México del siglo XX, donde la picardía no es supervivencia ingeniosa, sino miseria moral integrada en el engranaje institucional.

 

Estructura y tono: El realismo grotesco

 

El texto destaca por su prosa incisiva y desenfadada, rasgo característico de la narrativa satírica de Martré. A través de una estampa urbana detallada — que abarca desde la Candelaria de los Patos hasta las esferas del Servicio Secreto—, la novela entrelaza la ficción con acontecimientos e hitos de la historia política mexicana contemporánea. El lenguaje abunda en arcaísmos del caló capitalino y expresiones populares que en “El Chanfalla es un gandalla” (Angelitos Editores, 2023), Gonzalo Martré vuelve a encender la turbina de la sátira sin concesiones, reincidiendo en esa tradición picaresca y guasasa que ha sostenido a lo largo de su trayectoria. La obra funciona como un espejo cóncavo de la picaresca urbana mexicana: descarada, estridente y habitada por personajes que hacen de la triquiñuela un arte de subsistencia.

 

Desde la perspectiva formal, la novela destaca por su virtuosismo léxico. Martré no solo domina el caló y la jerga de la calle, sino que los sistematiza hasta construir una propuesta estilística donde el humor incisivo sirve como bisturí social. El Chanfalla, más que un simple antihéroe, actúa como síntoma de un entorno donde la ventaja, el cinismo y la ausencia de rigor moral se han institucionalizado.

 

Sin embargo, el libro no está exento de tropiezos. En su afán por mantener un ritmo vertiginoso de farsa y desmadre, la estructura narrativa cede en ocasiones ante la anécdota deshilvanada. La voz del narrador, desbordada de dinamismo, bordea por momentos la redundancia del chiste fácil, priorizando la caricatura inmediata sobre un desarrollo de personajes más matizado.

 

“El Chanfalla es un gandalla” es un ejercicio literario irreverente que cumple su cometido: incomodar a través de la carcajada. Martré entrega una pieza de ácida crítica social que, aun cuando abusa de la fórmula del enredo, logra retratar con impecable puntería la fauna del gandallismo cotidiano.

El maestro Frank Turon (camisa azul), en la presentación del libro “El Chanfalla es un gandalla” del novelista Gonzalo Martré (de sombrero) en el célebre Museo de la Ciudad de México.

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