El Chanfalla era un gandalla, auscultando sus tripas y semblante
Por el Dr. Jorge Veraza Urtuzuástegui
Contenido
El Chanfalla era un gandalla, auscultando sus tripas y semblante
- CARACTERIZACIÓN o diagnóstico GENERAL
- Cervantes en el centro
Imagen general de lo que trata cada tomo de la trilogía:
- En primer lugar, el lumpenproletariado
- Lumpenburguesia y lumpenproletariado
- CARACTERIZACIÓN PARTICULAR
- La ley general de la acumulación capitalista, Sade y Freud
- CARACTERIZACIÓN SINGULAR
- Literatura y realidad y el doble como procedimiento dramático
- “Un día en la vida” aplasta la del Chanfalla y la historia del México moderno.
- Novela de tres finales
El Chanfalla era un gandalla, auscultando sus tripas y semblante
El 23 de septiembre, hace10 días, Jorge Pedro Uribe Llamas versó elegántemente en El Colegio Nacional sobre novelas que tienen a la CDMX por contexto, pero omitió desafotunadamente para su análisis El Chanfalla… de Gonzalo Martré. Incluso invitó a escribir la novela del siglo IA y de AirB+B de la CDMX. Laudable proyecto narrativo imposible de cumplir seriamente sin considerar El Cahanfalla…; porque es aquella novela en la cual la crítica social a la realidad nacional, en especial la de la CDMX, es más extensa y profunda, esto es, desarrollada y minuciosa o singularizada.
Querré dar una idea de la génesis y la estructura de El Chanfalla era un gandalla, excepcional novela. De su rostro y entrañas en tres acercamientos: el general, el particular y el singular, que son las dimensiones de toda idea. Comencemos, pues, por la
- CARACTERIZACIÓN o diagnóstico GENERAL
- Cervantes en el centro
El nombre del antihéroe de esta “novela picaresca” –según la caracteriza su autor– Chanfalla, lo hereda del personaje principal de un entremés cervantino; y “trapisondistas” es expresión que recuerda a Cervantes para referirse a peleoneros y alborotadores, causantes de estropicios y conflictos etc., pues Trapisonda –de la palabra turca Trebisonda (actual Trabzon, Turquía) es localidad en la que en diversas novelas de caballería ocurren enredos y conflictos en lejana tierra ensoñada del Impero Bizantino en contrapunto satírico con los enredos y conflictos de barrios bajos de la Ciudad de México en los que el Chanfalla se afana.
Novelas como La Región más Transparente (1958) de Carlos Fuentes o Batallas en el desierto (1980) de José Emilio Pacheco en las que la Ciudad de México tiene un papel principal, son referencias secundarias y de contraste para la trilogía de El Chanfalla era un gandalla (1978,1984 y 1993) mientras que la referencia fundamental –la que da cuenta del contenido de fondo –, incluso más allá de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554) –primera novela sobre un pícaro–, es la obra literaria de Cervantes. En primer lugar, el Quijote y, en segundo, El retablo de las maravillas, entremés cervantino en el que el nombre de Chanfalla corresponde al personaje principal.
Ciertamente la inspiración literaria fundamental de Gonzalo Martré en su novela El Chanfalla era un gandalla es Miguel de Cervantes Saavedra tanto en El Quijote como en el entremés titulado El retablo de las maravillas. En el contexto de la lucha por la justicia, del bien y el mal en un mundo de injusticias y opresión – el México posrevolucionario (1930-1940)— cuya alegoría es el mundo de Don Quijote (la España imperialista del siglo XVII), un mundo en donde los intereses y las ideologías clasistas exacerban las pasiones y las estrategias personales de sobrevivencia hasta el punto en que la ficción se confunde con la realidad (tema que El retablo de las maravillas trata monográficamente) en este contexto de contradicciones sociales y culturales, Martré escribe una novela picaresca para que este proceso de vida entero y contradicciones sociales y culturales queden personificados –no solo en Chanfalla, el héroe o antihéroe de su trilogía sino– en cientos de personajes.
Por eso El lazarillo de Tormes, la primera novela picaresca española o El periquillo Sarniento (1816), la primera novela picaresca mexicana (en tres tomos, como El Chanfalla…) parecieran ser sus principales inspiraciones; y si no Chanfalla sí el licenciado Chanfaina es personaje de esta novela del que Periquillo logra escapar etc. Pero El periquillo Sarniento es novela edificante en la que Periquillo establece –muchas veces autocriticándose— la apropiada distinción axiológica entre virtud y vicio; mientras que Chanfalla confunde ambos valores magnamente. Me parecen, pues, tanto El Lazarillo… como El periquillo… más que principal inspiración respecto al contenido, el medio apropiado o contextual y formal para escenificar personificadamente la crítica literaria no edificante sino expuesta en tono satírico del desarrollo capitalista mexicano como proceso civilizatorio compulsivo explotador y degradante en el que la burguesía y la clase política mexicanas se someten al imperialismo norteamericano.
Vale la pena en este punto tener una
Imagen general de lo que trata cada tomo de la trilogía:
Tomo I: Tiempo de Buhoneros, Merolicos y Trapisondistas; se ocupa de la infancia del Chanfalla; de su nacimiento (1928) hasta su retorno a la casa paterna ya adolescente (1941) mientras transcurren la presidencia de Emilio Portes Gil, la de Cárdenas y la de Ávila Camacho.
Tomo II: Tiempo de Tiras, Porros y caifanes; se sitúa en 1950 en el apando sufrido por Chanfalla en la cárcel; desde donde recuerda sus años de “secundaria” y “prepa” –que en realidad no estudió– amores imposibles y bailes. Mientras transcurren la presidencia de Ávila Camacho (1948) y Miguel Alemán (1952).
Tomo III: ¿Tormenta roja sobre México?; La acción va desde Cárdenas (1937) hasta casi al final de la presidencia de la república de Adolfo Lopéz Mateos (1958). Abundaré en este tomo al final de nuestro recorrido.
Cada tomo sigue un estilo expositivo distinto: el Tomo I nos expone 35 islas o átomos que son las piezas del Rompecabezas Chanfalla –esto es, de la formación de su carácter– cada uno de ellos numerado y en orden cronológico. El Tomo II ofrece 6 torrentes o tramas narrativas entreveradas y sincopadas que se van alternando a lo largo de las páginas de la novela. Por lo cual carece de índice. Finalmente, el Tomo III otra vez nos muestra un índice; dividido, por cierto, en dos partes y un epilogo, al interior de cada una de las cuales se suceden testimonios jurídicos y la narración avanza año con año desde 1937 a 1958. También de la composición de este último tomo de la trilogía y del modo en que la concluye podré profundizar más adelante.
- En primer lugar, el lumpenproletariado
Para agudizar la sátira del desarrollo capitalista mexicano sometido bajo el imperialismo yanki y criticar adecuadamente a la burguesía y a la clase política mexicana, Martré no retrata a esta lumpenburguesía directamente sino al lumpen proletariado en el que recaen todas las lacras de la sociedad construida y dominada por dicha lumpenburguesía. Sí, recrea la vida del Chanfalla, un niño de paupérrima vecindad del centro de la Ciudad de México que por injusticias diversas se ve obligado a huir desde los seis años de su hogar proletario rumbo a La Candelaria de los Patos –la Bella Can– desclasándose en este barrio lumpen para proseguir su formación de una manera cada vez más degradada.
El Chanfalla era un gandalla, es también una novela de formación (Bildungsroman) a la manera de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795-1796) y su continuación, Las andanzas de Wilhelm Meister (1821-1829) pero de ninguna manera narra la historia de un joven burgués interesado en el arte. Mientras el tomo II de EL Chanfalla… incrusta en la formación del joven Chanfalla algo así como Las desventuras del joven Werther (1774) también de Goethe, claro que en diapasón muy distinto del de la burguesía y aristocracia alemanas, pero también con un toque romántico muy acusado en las primeras tres novias del Chanfalla (Chelita, Agustina y su amor imposible María Elena etc.). Esta vena romántica de la novela de Martré se agudiza y se deforma bizarramente en el tomo II subtitulado: “Tiempo de tiras, porros y caifanes” en el que la adolescencia y juventud del Chanfalla transcurre en un fallido intento de estudiar la secundaria y la prepa mientras prospera en el vicio y el crimen, fundamentalmente en múltiples latrocinios de poca monta, y lo decisivo respecto del asunto romántico: el Chanfalla se enamora de diversas compañeras de secundaria y prepa, siempre hermosas, estudiosas y de clase media alta o baja que repelen la cercanía de Chanfalla, sus intentos de cortejarlas y peor aun cuando este romántico se les declara. Martré explora magistralmente la raíz clasista de estos rechazos amorosos experimentados por Chanfalla en desvelos sentimentales que este Werther lumpen se autoprovoca reiteradamente mientras se inhibe hasta la mudez por el “miedo al rechazo” ante el juicio clasista y casi racista adverso que intuye cada vez en las jovencitas que ronda, cultiva e intenta conquistar siempre infructuosamente. Cuyo rechazo sufre con cada vez más dolor y que él mismo potencia al intentar ser más audaz.
De manera que el resentimiento personal y social de Chanfalla encuentra en estas experiencias de rechazo amoroso una máquina obsesiva de reproducción ampliada que Chanfalla ha echado a andar y no puede detener con el efecto de potenciar cada vez más su crueldad y sadismo contra la sociedad y, en particular, en contra de estas muchachitas a las que les repele y se ríen de él humillándolo cuando llega a declarárseles.
Werther se suicidó, Chanfalla sobrevive cada vez más endurecido y degradado en la exacta mediada en que ha llevado a cabo un suicidio del alma. Que Martré sabe contextualizar social e históricamente, pues si Chanfalla suicida su alma no es sino porque una sociedad enajenada y brutal lo ha orillado al abismo. Es –para decirlo al modo de los surrealistas cuando se referían a Vincent Van Gogh –y especialmente Antonín Artaud– como “Van Gogh, el suicidado por la sociedad” (1947).
Tal es La educación sentimental de Chanfalla, para decirlo recurriendo al título de la novela de Flaubert que, ciertamente, ha sido tomada en cuenta por Martré para dar cuenta de la evolución del chanfallesco carácter.
David Copperfield de Charles Dickens nos ubica en el mundo proletario y fabril, así como de los bajos fondos de Londres, mientras el Retrato del joven artista de James Joyce nos ofrece un joven rebelde; pero en todos los casos, el Chanfalla se desvía, se tuerce y va fortaleciéndose conforme se degrada emocional y prácticamente. Es original en su envilecimiento y en su enérgica lucha contra el mismo. Como si todo el pueblo mexicano –fuera un solo hombre que– luchara contra un mundo degradado impuesto por el imperialismo norteamericano fuera y dentro del país.
Lumpenburguesía: Lumpendesarrollo, publicado en 1973 –cinco años antes del primer tomo de El Chanfalla… —escrito por André Gunder Frank– es un libro de sociología y economía que permite entender la situación de México en relación con Estados Unidos correspondiente con el mundo de los bajos fondos de la Ciudad de México en el que crece y se desarrolla Chanfalla, independientemente de que Gonzalo Martré lo haya consultado o no. Todo indica que sí lo hizo.
- Lumpenburguesia y lumpenproletariado
Harapos se dice en alemán Lumpen y el término también alude al harapiento y al pordiosero y, en general, a los estratos más bajos de la sociedad capitalista; de ahí que el marxista Ernest Mandel aluda con el concepto de lumpenburguesía –de quien lo retoma Gunder Frank– a las harapientas oligarquías de América Latina sometidas a Estados Unidos y al capital extranjero que -mientras entregan el país en abonos- reproducen el subdesarrollo, la dependencia y el estancamiento cuando no el atraso y la degradación sociales país por país mientras se embolsan las migajas que el imperio les deja.
Se trata de una clase dominante semicolonial parasitaria reacia al desarrollo industrial y tecnológico, aunque llega a promoverlo o sirve de prestanombres para que trasnacionales extranjeras lo promuevan en suelo mexicano, por ejemplo. Siendo el Estado el instrumento utilizado por la lumpenburguesia para promover la acumulación de capital nacional y para controlar a las masas oprimidas, explotadas y despojadas sea mediante represión violenta o con dádivas proporcionadas a cuentagotas. Todos rasgos que aparecen vívidamente en las situaciones por las que cruza la vida del Chanfalla y que Martré aborda doblemente: ora en su singularidad lumpenproletaria experimentada directamente por el Chanfalla ora en su generalidad contextual comentada evento por evento por el autor cuando ocurre, por ejemplo, la expropiación petrolera o la elección presidencial de Manuel Ávila Camacho o de Miguel Alemán Velázquez, epitome de esta lumpenburguesia habiendo sido él mismo un lumpenpresidente de la república, el más entreguista al imperio norteamericano de todos los descritos en los tres tomos de la trilogía de Martré.
Miguel Alemán el “Rey del Carnaval Jarocho” del entreguismo a Estados Unidos (Tomo II pág. 199), del cochupo, de la connivencia entre el Estado y las altas capas de la lumpenburguesia mexicana para hacer negocios a costa del erario y de los bienes nacionales, personaje histórico que es, en cierto sentido, también el personaje principal del tomo II de El Chanfalla era un gandalla… el doble de este.
Son carnavalescos los latrocinios y las parrandas de la élite alemanista; y en diapasón pobre, miserable los del Chanfalla y del ambiente lumpen de la Bella Can, y de los caifanescos salones de baile. De manera que Gonzalo Martré parece inspirarse en el Gargantúa y Pantagruel, de Françoise Ravelais (1532,1534,1546 y 1552). Sí, La horrorosa vida del gran Gargantúa, padre de Pantagruel con su humor escatológico, de comilonas, mierda, vómito y excesos de bebidas espirituosas etc., inspira la descripción del carnaval lumpenproletario y lumpenburgués del México moderno. Y es posible, incluso, que la honda reflexión de Mijaíl Bajtin en su célebre obra: La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, acerca del carnaval y el renacimiento grotesco representado en la crítica social de Rabelais, esté siendo retomada por nuestro autor, pues la obra de Bajtin fue publicada por primera vez en español en 1974; mientras que el primer tomo del Chanfalla se publicó en 1978.
La elección de Martré por describir al lumpenproletariado mexicano y –especialmente al Chanfallita niño, adolescente y adulto– a fin de esclarecer la esencia recóndita y el comportamiento abusivo de la lumpenburguesía mexicana (y de sus lumpenservidores policiacos y gubernamentales) encuentra su clave en Los condenados de la Tierra (1961) escrito por Frantz Fanon especie de coronamiento de su Por la revolución africana (1964), en ese profundo argumento de Fanon que Jean Paul Sartre remacha enfáticamente en su prólogo al libro, cuando señala que la verdad del colonizador se encuentra en los sufrimientos corporales y psíquicos del colonizado y es la clave para entenderlo. La clave de la lumpenburguesía se encuentra en el lumpenproletariado.
La mayor parte de la acción del tomo I tiene lugar en la Candelaria de los Patos (La Bella Can) en donde el lumpenproletariado de la CDMX se concentraba en esos años. El sadismo y masoquismo del carácter del Chanfalla queda así explicado y justificado por el medio social degradado y degradante en el que se desenvolvió su infancia. Chanfalla se nos revela como el pueblo antipueblo y antirrevolucionario. Y toda la novela es una mirada: El pueblo mira al pueblo, pero lo mira ya sabio de El Quijote y de su “Retablo de las maravillas”; así como sabio del “Lazarillo de Tormes” y la Fabula de las abejas de Bernard de Mandeville etc. en la que la inversión de valores éticos y culturales resulta ser el rasgo característico de la modernidad y, personalmente, del Chanfalla.
Es resaltante la habilidad de Martré para articular la explicación sociológica, económica y politológica o la histórica y la geopolítica con la narración novelística utilizando diversos procedimientos tanto estilísticos como eventuales, llamémoslos. Pues en ocasión de asistir el niño Chanfalla al centro de la Ciudad de México se topa en el Zócalo, por ejemplo, con una gran concentración política del periodo cardenista o de otra fase de las tres décadas que la trilogía aborda. De suerte que la descripción del ambiente lumpen y personal de Chanfalla transita a la del ambiente urbano y de la política nacional en ocasión de elecciones presidenciales, de protestas obreras o de represión al sindicato ferrocarrilero o, bien, en ocasión de la instrumentación de la política antiagrarista de Miguel Alemán etc.
Gonzalo Martré enciclopédico conocedor del cine mexicano y de la cartelera internacional admiró como espectador Los compañeros, del director italiano Mario Monicelli proyectada en 1963 en la que Marcello Mastroianni es el profesor Sinigaglia, activista sindicalista organizador de huelgas en contra de los patrones explotadores cuyo ambiente se respira de nueva cuenta en extensos pasajes de la trilogía El Chanfalla era un gandalla; mientras la película de Monicelli y la novela de Martré se inspiran –también, en cuanto al estilo naturalista de la narración– en la obra magna de Émile Zola Germinal (1885) descripción de una huelga minera en el norte de Francia que forma parte de Los Rougon-Macquart, su monumental saga de 20 novelas escritas entre 1871 y 1893 que lleva el subtítulo de “Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio” en la que expone cómo la herencia y el entorno social determinan la vida de los individuos.
En el abigarrado mundo del Chanfalla, con sus cientos de personajes, parece no faltar nada. Y, sin embargo, anida en sus páginas una curiosa omisión. No aparece José Vasconcelos, que en 1929 fue candidato a la presidencia de la república contra Pascual Ortiz Rubio, finalmente impuesto por Plutarco Elías Calles en un sonado fraude electoral. Imposición autoritaria que llenó de resentimiento a Vasconcelos, al punto de renunciar a sus ideas democráticas y pasar a abrazar al nazismo a fines de los treinta e inicios de los cuarenta del siglo XX, en plena Segunda Guerra Mundial. Eventos que novela magistralmente Mauricio Magdaleno en Las palabras perdidas (1956) conocida seguramente por Gonzalo Martré. Ausencia tanto más notable por cuanto que Hitler aparece en varias ocasiones influyendo el pensamiento del Chanfalla.
La de Mauricio Magdaleno –vasconcelista comprometido– es una crítica novelada al despotismo estatalista del régimen lumpenburgués mexicano, enarbolada desde una perspectiva de derecha a fin al propio Vasconcelos y a la burguesía y pequeña burguesía nacionales ( ni que decir que al nazismo y , por un rodeo, al imperio norteamericano); mientras que la trilogía de Martré despliega una crítica a dicho despotismo estatalista desde una perspectiva de izquierda favorable al pueblo y su soberanía nacional y, en especial, al proletariado.
Ahora, después de haber versado sobre el “qué” del Chanfalla, abordemos su “cómo” está construida esta magnífica novela; es decir, hagamos su:
- CARACTERIZACIÓN PARTICULAR
- La ley general de la acumulación capitalista, Sade y Freud
Todo lo que nos cuenta esta gran trilogía tiene por columna vertebral no lo que pudiera llamarse una gran Ley de la Vida sino, con toda precisión y conciencia por parte del autor, la columna vertebral que sostiene, explica, contextualiza y determina lo que le pasa al Chanfalla y a sus amigos y enemigos tanto los de clase como los de su propia clase, el núcleo estructurante de todo ello es, digo, la ley general de la acumulación capitalista formulada por Marx en la sección séptima del tomo uno de El capital. Crítica de la economía política, con su gran idea central de que bajo el capitalismo las mismas causas que generan en un polo de la sociedad riqueza generan en el opuesto, miseria. Clave resumida en el Manifiesto del Partido Comunista.
Sí, no solo es que la riqueza y la miseria contrastan continuamente en la novela como en nuestras vidas y torturan al Chanfalla, lo hacen gozar y lo pisotean transformándolo de niño ingenuo en ladrón y asesino despiadado al servicio de la policía y, luego, en agente policiaco. Sí, todo esto que le sucede al Chanfalla y a todos sus personajes no solo ocurre en el contraste de riqueza y miseria, sino que la pluma de Gonzalo Martré ofrece la habilidad original única y ausente en el resto de escritores contemporáneos nacionales o del mundo de ir perfilando en cada detalle cómo es que la dialéctica riqueza/miseria se sintetiza en ellos y, aun, lo que es aún más difícil de lograr y en donde espiga la originalidad de Martré, cómo es que “las mismas causas” generan en un polo miseria y en otro riqueza.
Pero entiéndase, “las mismas causas” en la sociedad se encuentran distribuidas espacial y temporalmente y en grupos sociales distintos, y el desafío para Martré –y para cualquiera que quisiera tratar el tema literario en serio–consiste en ubicar estas “mismas causas” al interior de una vida singular, como parte de su psicología, como factor de su experiencia cotidiana tanto la reiterativa como aquellas experiencias extraordinarias que desencadenan cambios tumultuosos en su formación. Cervantes, claro y Shakespeare son los maestros de Martré; sin olvidar la tragedia griega. Pero serían insuficientes para una empresa tan compleja como la de dar cuenta experiencial, biográficamente de la ley general de acumulación capitalista en su dialéctica riqueza/miseria tanto en sus contrastes como en la interpenetración de sus contrarios.
Por eso es decisivo Freud en la escritura de Martré, para dar cuenta del sadismo y el masoquismo que el contraste riqueza/miseria (orgullo/humillación/resentimiento) genera en la psique del Chanfalla, modelando su carácter y el de todos y cada uno de sus personajes en proporciones y estilos diversos. Y, claro, el Marqués de Sade le facilita el camino, tanto más en Juliette o las prosperidades del vicio que en Justin o los infortunios de la virtud, que de todas maneras le sirve de guía a nuestro autor. Un Marqués de Sade filtrado por el ojo clínico de Freud.
Pero no hay que olvidar al ya mencionado Bernard de Mandeville en su Fabula de las abejas con su idea de “Vicios privados, virtudes públicas”, es decir, de que los vicios individuales como el egoísmo y el asesinato etc., hacen prosperar a la sociedad y, a la inversa, públicamente un político se muestra virtuoso mientras en privado ejerce vicios éticos o bien prácticos de todo tipo, especialmente lucrativos.
Tal es el retrato que Mandeville logra de la dinámica de la modernidad capitalista no solo a nivel económico, político, cultural sino moral, a nivel de las vidas de cada uno, una especie de mundo al revés en donde los valores están invertidos. Y la mayor parte del tiempo el Chanfalla, a costa de su propio sufrimiento, va aprendiendo estos valores invertidos. Su formación es un esfuerzo continuado de tratar de interpretar la vida recalando una y otra vez en que lo mejor es actuar de la peor manera posible si en verdad quieres tener éxito, sobrevivir, obtener amor o lo que se le pueda parecer etc.
De cierta manera el Chanfalla es –como la lumpenburguesia– una especie de lumpennietzschiano, pues “la transvaloración de los valores” propugnada por Federico Nietzsche, sobre todo en su Genealogía de la moral, es un ejercicio que el Chanfalla realiza una y otra vez, eso sí, siempre de manera equivoca mientras goza y sufre las estancias que esta equivoca transvaloración de valores involucra.
Así tenemos que su desclasamiento respecto del proletariado hacia el lumpenproletariado sigue una senda sinuosa pero que sistemáticamente va degradando sus emociones y su ética degrada, también su conciencia política. De verse atraído por lideres de izquierda como Vicente Lombardo Toledano o como Valentín Campa centra su conciencia política y sus emociones en Hitler y por sobre la repelencia que le provoca Ezequiel Padilla –gran burgués y gran corrupto de la política nacional– a Chanfalla, por más que su juicio ético y jurídico en contra de personajes de esta calaña sea atinado como producto de un instinto proletario popular, en contra de estos grandes abusadores del pueblo, Chanfalla se tuerce y retuerce hasta convencerse de que ser cómo ellos es lo más atinado en la vida. Y dado que no puede lograr éxito económico capitalista o político en el lumpengobierno alemanista o en el de Adolfo Ruiz Cortines (Tomo III) termina conformándose con servirles a estas clases y políticos reaccionarios y corruptos. Y precisamente haciéndoles el trabajo sucio como un jefecillo más del servicio secreto de la Ciudad de México. La libertad del Chanfalla va retorciendo su camino cada vez más.
Por ello, una trilogía novelística como Los caminos de la libertad, de Jean Paul Sartre, es evidente obra de contraste de las tribulaciones del Chanfalla para establecer qué hará de sí mismo, qué camino elegirá, qué sentido dará a su libertad. Pero el niño proletario Chanfalla se desclasa hacia el lumpen; mientras el sartreano Matias, atribulado maestro de escuela cribado en la situación moral de tener un hijo o propiciar que su pareja aborte, se ve arrebatado por la Segunda Guerra Mundial para defender su patria y su vida. Siendo apresado por los nazis, el campo de concentración resultará para él el ámbito en el que supera su individualismo pequeño burgués y reconoce la reciprocidad y la solidaridad con los otros; no solo contra sus captores y enemigos de Francia. Sino más profundamente, descubre en esta comunidad en desgracia –que es la de sus compañeros del campo de concentración Stalak 4 y la de él mismo– la necesidad de luchar contra la burguesía; la clase dominante que ora en Alemania ora en Francia ora en Inglaterra etc., ha hecho estallar la guerra precisamente persiguiendo su afán de lucro continuamente alimentado con la explotación de la clase obrera. Muchos de cuyos miembros son integrantes del ejercito a quienes encuentra Matias en el campo de concentración con quienes comparte su vida, su suerte y destino. Chanfalla proletario, se desclasa lumpenizándose; y como renovado proletario policiaco se degrada putrefactamente contra el movimiento obrero; mientras Mateo se desclasa desde la pequeña burguesía al proletariado en lucha contra el imperialismo guerrerista nazi y francés, en espera de luchar contra la burguesía y su Estado al término de la guerra.
Interesante paralelismo es el del Tomo II de Los caminos de la libertad, titulado: El aplazamiento, y el Tomo II del Chanfalla …, titulado: Tiempo de tiras, porros y caifanes cuyo estilo de redacción propio de guion cinematográfico combina seis o siete temáticas que conforme alternan de manera sincopada a lo largo de sus páginas van dando cuenta de la vida del Chanfalla y de la Ciudad de México, su burguesía y la política a ritmo de danzón y rumba. Tal y como El aplazamiento sitúa a Matias en medio de una multiplicidad de personajes que entreveran sus vidas en la urbe parisina mientras espera ser movilizado al frente en donde posiblemente acabara su vida etc.
De hecho, ambos tomos –el de Sartre y el de Martré– se inspiran en una obra anterior, publicada en 1925 por John Dos Pasos: Manhattan Transfer cuya acción transcurre en la gran urbe neoyorquina, para dar cuenta de la cual Dos Pasos ensaya o experimenta una nueva narrativa para expresar el ethos atomizado, sincopado, esquizoide del desarrollo capitalista industrial reconcentrado urbanísticamente, donde las vidas de las personas se masifican y despersonalizan mientras sus emociones se cosifican exacerbándose por contraste en violencia y deseos conforme el jazz articula las emociones y las vidas mientras es escuchado en la radio y danzado en clubs nocturnos, fiestas y salones de baile por cada vez más grandes segmentos de las masas capitalinas. New York, París, Ciudad de México con ritmos propios cada vez. Pues en el Tomo III del Chanfalla la Primera Parte sucede “En Tiempo de Mambo” y la segunda y última: “En Tiempo de Cha Cha Cha”.
Todo lo cual nos conduce después de estas caracterizaciones la general y la particular de la magnífica trilogía de Gonzalo Martré a ofrecer un acercamiento singular –si no de cada uno de los tres tomos, sí– del tercero: ¿Tormenta roja sobre México? de peculiar estilo. En otras palabras, pasaremos a profundizar el “cómo” del Chanfalla para dar cuenta de su “por qué” esta escrito como esta escrito en acuerdo al “por qué” de su personaje principal. Entremos pues a la:
- CARACTERIZACIÓN SINGULAR
- Literatura y realidad y el doble como procedimiento dramático
La literatura es construcción ideal de un mundo diverso al realmente existente, pero, precisamente, en vista de establecer una vivida relación crítica con el mundo existente. Puede simplemente construir ese mundo ideal diverso extremando su carácter fantástico (fantasía, ciencia ficción, cuentos y novelas de terror) espontáneamente ocurrirá la vivida relación crítica aludida. Es el caso de toda la literatura que se atiene a la fuerza de su torre de marfil sin decidirse políticamente como exige el segundo momento de la literatura: su vivida relación crítica con la realidad existente.
Frente a esta opción, Gonzalo Martré ejercita una literatura que asume consciente y voluntariamente su función crítica incluso en términos políticos y militantes. Narra fantasías, mundos inventados, pero, también, narra la historia real y acciones políticas que realmente sucedieron. Por esta vía genera al interior del texto novelesco el momento de la intervención política histórica tal y como fue, pudo ser o sugiere o cree que así fue. Siendo siempre ejemplar; es decir, un “por ejemplo” sin que Martré pretenda que exactamente como dice fueron las cosas y que su diagnóstico político es inapelable. Es sugerente, insidioso, otra forma de postular el mundo independiente respecto del real prevaleciente para incidir, luego, en aquel de modo vívidamente crítico revolucionario.
Claro, pareciera que “tira línea” política; y los análisis políticos que acompañan a las narraciones fantásticas parecieran inapelables pronunciadas por una mente omnisciente; de manera que pareciera abandonar la literatura para volverse panfleto político. Pero algo así es propiamente imposible; y no fue intención de Martré hacer algo como eso. Él hace literatura: construye idealmente un mundo aparte en vista de establecer una vivida relación crítica no panfletaria con el mundo realmente existente. Aunque en el mundo novelístico surjan también algunas opiniones panfletarias que se dialectizan con las que no lo son y con los hechos y procesos históricos.
Ahora bien, el modo en que lo hace es duplicando al interior del texto o narración el tipo de mundo aludido. El Teatro y su Doble (1938) de Antonin Artaud teoriza de fondo esta relación. El Teatro de la Crueldad (1938) –del mismo Artaud— especifica el modo en que puede ser transformada la realidad: infringiéndole crueldad. Evidentemente inspirándose a tal efecto Artaud –y Martré– en Sade y en la sátira como forma de la crítica social. Martré no cita a Artaud, evidentemente; pero alude a Heliogábalo, personaje histórico al que Artaud le dedicó una novela que hace época (Heliogábalo o el anarquista coronado (1934)) que ilustra lo que acabamos de señalar como vía para lograr la crítica social en la literatura. La transformación de la realidad romana antes de Cristo; y en nuestro caso, de la mexicana moderna.
El “distanciamiento crítico” de la propuesta dramática de Bertold Brecht –a quien Martré nombra en el tomo III página 253– matiza en Gonzalo Martré el procedimiento satírico novelesco. En el centro de la novela el doble de Chanfalla es Ofelia y ella el doble de él; y la crueldad que se cometen guía la acción.
De hecho, se suscitan otros dobles del Chanfalla, como la Bella Liz o el Drácula; sin olvidar entre otros –por ser prominente– la oposición y dualidad entre el líder político magisterial revolucionario Othón Salazar y el espía policía traidor, el Chanfalla, que se hace pasar por fiel seguidor del movimiento magisterial y del ferrocarrilero.
Martré va dejando pistas a lo largo de su trilogía que ofrecen el norte de cómo fue construida esta franca obra de madurez; síntesis de su vida y formación, así como de su labor de creación cultural y novelística; pues el tomo I lo publicó a sus 49 años (1978); el tomo II a los 55 (1984) y el tercero a los 64 (1993). Cabe recordar en este punto que La vida de Lazarillo de Tormes… es asumida generalmente como anónima, pero recién publicada fue atribuida a Don Diego Hurtado de Mendoza cuando era estudiante salamanquino. Aserto que fue posteriormente criticado a fondo a la luz de las características de la novela como la fluidez en el uso del lenguaje popular, las reflexiones filosóficas que incluye y la experiencia de vida que supone la caterva de señalamientos irónicos que plasma el autor. Por eso Julio Cejador, prologuista de la novela editada en Madrid por La Lectura indica que posiblemente el autor del Lazarillo sea más bien, Sebastián de Horozco, escritor del siglo XVI con la edad y conocimientos apropiados como para haberla escrito y de numerosas semejanzas con el Lazarillo… en su poemario titulado Cancionero. En nuestro caso sabemos perfectamente que el Chanfalla fue escrita por Martré, que ofrece no solo ironía sino sátira y no solo profundidades filosóficas sino de crítica social histórico materialista, así como un profundo conocimiento del lenguaje popular y, aún, del caló. Ciertamente el Chanfalla era un gandalla es como La Vida del Lazarillo de Tormes… no una novela de mocedades sino de franca madurez, repito.
- “Un día en la vida” aplasta la del Chanfalla y la historia del México moderno.
La narración de ¿Tormenta roja sobre México? logra sincronizar tres temporalidades distintas expuestas en pasajes de diversa longitud que van alternándose hasta llegar a término.
Temporalidad I.
Un día con el Procurador de Justicia de la Nación, anticomunista a sueldo de trasnacionales norteamericanas, el 6 de diciembre de 1958, mientras lee “testimonios” respecto al imputado líder magisterial Othón Salazar y “apuntes del investigado” que refieren los años de 1937 a 1958.
Temporalidad II.
Historia (19 años) de la Ciudad de México y del cuerpo de la Lumpen policía secreta de esta ciudad en su lucha “anticomunista” contra el movimiento obrero mexicano, en especial, el movimiento ferrocarrilero liderado por Valentín Campa y Demetrio Vallejo, así como del Movimiento Revolucionario Magisterial (MRM) dirigido por Othón Salazar. Historia, también, de la Lumpenburguesía mexicana y sus Lumpengobiernos de 1949 a 1958, haciéndose eco de la paranoia anticomunista del imperialismo norteamericano.
Ahora bien:
Temporalidad III.
En ambas líneas narrativas – sobre todo en la II, durante la presidencia de Miguel Alemán, de Adolfo Ruíz Cortínes y la de Adolfo López Mateos – se pone en juego la biografía del Chanfalla hasta su muerte por asesinato.
En otras palabras, el Procurador anuda en un día (6 de diciembre de 1958) – sin importarle ni darse cuenta siquiera– todos los hilos de la vida del Chanfalla que se deshilachan con su asesinato en la media noche de ese día. Un día de trabajo del Procurador que involucra 19 años de la historia de México; y los últimos del Chanfalla. Pues termina siendo asesinado a medianoche bajo un chubasco en conexión con esa historia y esa revisión testimonial y de apuntes acuciosamente llevada a cabo por el Procurador: Cuasimódico enano transnacional.
Tales son las tres líneas argumentales de la narración de este tercer tomo de El Chanfalla era un gandalla subtitulado ¿Tormenta roja sobre México?, pues el Chanfalla de ladrón se vio orillado a convertirse en policía secreto; de convivir con obreros sindicales y líderes como Valentín Campa y Othón Salazar, se transforma en espía traidor al MRM, Movimiento Revolucionario Magisterial. Y entre traiciones, abusos, desafueros y brutales asesinatos cometidos, logra poner en su contra – con la intención de asesinarlo – a Liz y a Ofelia, sus dos esposas, lo mismo que al Drácula, su superior y pareja policiaca que teme que el Chanfalla lo asesine. Y, por si fuera poco, los acontecimientos políticos y policiacos lo ponen en contra de la línea política derechista de la Secretaría de Gobernación (dirigida nada menos que por Gustavo Díaz Ordaz) contraria a la línea de ultraderecha del Procurador de la República a la que Chanfalla sirve, quedando triturado entre ambos engranajes del lumpen Estado mexicano sometido al imperialismo yanki.
En sus 341 páginas, este tercer tomo de la trilogía lanza a la cara del lector 27 flashazos de la Lumpenburguesía, el Lumpenproletariado, la Lumpenpolicía y el Lumpengobierno mexicanos sometido este último a Estados Unidos desde la presidencia de Miguel Alemán Velasco, ese otro doble de Chanfalla.
- Novela de tres finales
La trilogía – y este es su último tomo –, si somos rigurosos, tiene dos finales, pues el Chanfalla muere dos veces, tal y como Odiseo – a diferencia de todos los mortales – visitó el infierno (Hades) dos veces. La primera vez, la vida del Chanfalla concluye en el momento más emocionante de toda la trilogía: el auge de la lucha sindical en medio de la que los obreros se vengan del Chanfalla luego de haberlo descubierto como traidor espía policiaco que está a punto de aprenderlos o asesinarlos (p. 288). Su segunda muerte la tenemos 51 páginas después, en la última del libro (p. 349). Cuando el Chanfalla efectivamente muere asesinado por eventos personales – y azares políticos – en los que ha generado terror y odio en sus víctimas, que se vengan de él o se protegen de ser posiblemente asesinados a manos del Chanfalla.
Hasta aquí tenemos dos finales. El primero (p. 288) es el final del tomo III. Un final determinado por la historia social, política y policiaca en la que se involucra el Chanfalla; y un segundo final (el de la página final del tomo III) que es el final del tomo II y del tomo I. Un final por la biografía del Chanfalla. Pero…Todavía existe un tercer final; aunque se encuentra al concluir el epilogo, después de que la narración novelística ha sido propiamente terminada.
Este final redondea el juicio político de Gonzalo Martré acerca de la presidencia de Adolfo López Mateos como hipócrita por presentarse de izquierda, pero ser fiel seguidor de la Lumpenburguesía mexicana y del señor de ésta: Estados Unidos; y por ese motivo, ser brutal represor del movimiento obrero y campesino mexicanos. Es este propiamente el final de la trilogía. El final aplastante que une biografía e historia, que le entrega al lector – de la pluma de Martré – la decisión para luchar contra el régimen como momento final de la toma de conciencia de clase e histórica que los capítulos de la novela han logrado en sus lectores. La madre de Máximo Gorki fue la maestra de Martré para lograr este último lance. Evidentemente siendo Pavel, hijo pródigo y entregado militante proletario revolucionario el antípode de Chanfalla.
O dicho de manera más breve que las páginas antecededentes. ¿Cuál es la noticia o pequeña novedad, la novella, que esta magnífica obra de Gonzalo Martré nos trae? Que un hijo del proletariado, Chanfallita, se transformó en traidor a su clase, precisamente porque la lumpenburguesía y su lumpenEstado subordinados al imperialismo norteamericano establecen condiciones de vida sociales y proyectadas en el espacio como megaencefalítica urbe, que trabajan las entrañas, emociones e ideas de sus habitantes –entre ellos las de ese niño proletario, cuya alma estudió el transterrado a la CDMX Otto Rûhle— y las tuerce y retuerce sadomasoquistamente hasta forjar al traidor de marras. Y Martré nos comparte toda la información respectiva de manera que el lector así prevenido puede sortear el destino tomando su propia libertad en manos y combatir revolucionariamente tales condiciones de vida, tal lumpenburguesía y lumpenEstado y el brutal sometimiento imperialista que los atornilla.
