El Parlamento de Pueblos Originarios 2026: Un encuentro latinoamericano entre historia, derecho, cultura y soberanía cultural
Hay encuentros que se miden por la cantidad de asistentes o por el brillo de los nombres en el programa. Y hay otros que se miden por una pregunta más difícil de cuantificar: ¿qué queda después de que se apagan los micrófonos? En este caso, lo que quedó fue una certeza: la cultura de nuestros pueblos originarios no es un adorno de la vida pública, sino una conversación urgente que exige ser escuchada. Durante tres jornadas, historiadores, juristas, médicos, escritores y músicos se reunieron en el Museo nacional de Antropología de México para preguntarse si la soberanía cultural de los pueblos indígenas puede defenderse desde las leyes, los territorios, los cuerpos y las notas musicales.
Detrás de cada ponencia, de cada palabra pronunciada, había una certeza compartida: América Latina no puede permitirse el lujo de una cultura pasiva con sus pueblos indigenas. La memoria histórica, el reconocimiento de los pueblos originarios, el respeto sus territorios y la soberanía alimentaria no son solamente temas de especialistas confinados a un auditorio; son asuntos que atraviesan la vida cotidiana de millones de personas. Por eso, escuchar a un historiador hablar de los procesos de evolución económica de nuestros pueblos o a un jurista desmenuzar las reformas constitucionales aplicadas a los mismos no es un ejercicio académico: era una manera esencial de entender que el futuro se construye con las herramientas del presente.
La apertura del evento llevó un sello de institucionalidad y la historia. La presidenta del Parlamento de Pueblos Originarios, Fabiola Poblano Ramos, dio la bienvenida y ofreció un discurso que trazó el sentido del encuentro. A su lado, la historiadora Dra. Alejandra Moreno Toscano, figura de indiscutible prestigio cultural, tomó el micrófono para compartir importantes comentarios.
Su intervención recorrió la relación entre patrimonio, memoria e identidad, y recordó que la historia no es un depósito inerte, sino una pregunta abierta que cada generación debe formularse.
Hubo un instante, durante la clausura, en que el arte dejó de ser una abstracción para convertirse en una presencia vibrante. Fue cuando los músicos ocuparon el escenario del Auditorio Torres Bodet del Museo de Antropología e Historia y el público respondió con un aplauso que no solo celebraba la ejecución, sino que reconocía la vinculación con un esfuerzo colectivo. Estas tres jornadas, que reunieron a historiadores, juristas, médicos, escritores y creadores, no fueron una simple sucesión de ponencias. Fueron, ante todo, un espacio de diálogo en torno a los grandes temas de la agenda cultural y política de América Latina: el reconocimiento de los pueblos originarios como sujetos de derecho colectivo, la defensa de los territorios y los recursos naturales, la soberanía cultural, la medicina tradicional y la cosmovisión de los pueblos, y el papel del arte y el pensamiento en la construcción de identidad.
La reflexión colectiva se fue enriqueciendo a lo largo de las jornadas con voces que provenían de distintas puertos del saber. El jueves 20 de agosto, el Dr. Jorge Veraza, teórico e investigador de economía política y estudios latinoamericanos, ofreció una conferencia memorable sobre el pensamiento crítico como herramienta de soberanía cultural. Su exposición, que vinculó la historia de México Tenochtitlán con los desafíos contemporáneos de la identidad mexicana y de los pueblos del mundo, se convirtió en una luz para entender la situación de nuestros pueblos.
En esa misma línea, los textos del escritor José Tlatelpas, así como los de la video periodista Darlin Garza, atravesaron el encuentro como una corriente subterránea. Sus palabras, leídas durante las sesiones y destinadas a publicarse íntegras en la memoria del evento, abordaron la difusión cultural como forma esencial de la memoria colectiva, y a la soberanía cultural como un derecho que debe priorizarse tanto en las leyes como en las palabras.
El viernes trajo consigo la dimensión internacional y la profundidad histórica. El antropólogo e investigador Ociel Mora López ofreció, junto con la Dra. Libertad Mora una exposición, académicamente impecable, que vinculó los procesos históricos de los nahuas de Puebla con las narrativas actuales de los pueblos originarios, su economía, visión del mundo y sus derechos.
Su ponencia recorrió las tensiones entre memoria oficial y memoria subalterna, y situó la relevancia del territorio como un eje central de la soberanía cultural.
Los textos leídos de Carlos Santos, Premio Casa de las Américas, explicaron las ventajas de aplicar el derecho restaurativo como ha sido la experiencia de las Primeras Naciones de Canadá, mientras que los textos de Mirian Alvarado, señalaron las coincidencias en la situación y principios de los pueblos indígenas Lenca de El Salvador, con los demás pueblos de América.
Su intervención, en diálogo con el diputado del Parlamento indígena panameño, Oswaldo González de la nación Puna de Panama, subrayó que los lazos entre Panamá y América Latina no pertenecen exclusivamente a un archivo histórico; sino que son un territorio vivo de intercambio y construcción conjunta. En ese mismo bloque, el representante comunitario del pueblo originario de Huixquilucan (mexica-otomí), ofreció una participación valiosa que aportó la perspectiva de una representación responsable de los pueblos y su papel en la construcción de comunidades unidas.
La jornada del sábado 22 de agosto amplió aún más el espectro de la discusión. En el auditorio principal del Instituto Nacional de Antropología, nombrado en honor del destacado antropólogo Jaime Torres Bodet, el ticitl Daniel Vargas Anaya, médico tradicional de México Tenochtitlán, trasladó la reflexión hacia el cuerpo y la salud, y exploró los vínculos entre la medicina, la cosmovisión de los pueblos originarios y los derechos humanos, abordando así uno de los rubros fundamentales de la convocatoria. Su ponencia ensanchó los márgenes de lo que entendemos por patrimonio cultural, al incluir la dimensión corporal y espiritual como parte esencial de nuestra identidad.
Pero fue en la mesa de los juristas donde el pensamiento alcanzó otra de sus cimas. Los doctores José Luis Téllez Ortega y Carla Jiménez Juárez, dos referentes del derecho laboral en México, ofrecieron una exposición extraordinaria sobre las reformas constitucionales, el reconocimiento de los pueblos originarios como sujetos de derecho colectivo y su derecho al trabajo. Su análisis jurídico, riguroso y profundo, recordó que detrás de cada política cultural existe un entramado de derechos y responsabilidades, y que la soberanía cultural también se defiende en los códigos y en las leyes, no solo en los manifiestos.
En ese mismo día, formaron parte del programa, con la presentación de un libro sobre nuestra cultura,su autor Mauricio Bernárdez Montalván (Chicome Kwauhtli) y la comunicadora Susana Ibarrola, cuya presencia quedó registrada como parte de la diversidad de importantes voces convocadas.
El programa, sin embargo, guardaba su momento culminante para el cierre. Y el cierre fue una agradable experiencia. Los músicos —Bárbara Oaxaca, Natalia Castañeda, acompañadas de Marisol Gutiérrez y el director artístico Fco. Fernando Ruiz Torres— convirtieron el escenario principal del auditorio Torres Bodet en un espacio mágico donde el arte recuperó su capacidad elemental de congregar. El público respondió con una energía que solo provoca la autenticidad: aplausos, vítores, fotografías… A ello se sumó la presentación del avance de un documental “Tlahuac 800 Años”, pero fue la música la que devolvió al encuentro su dimensión espiritual y estética más poderosa. Que aquella propuesta artística ocupara finalmente el foro principal del Instituto nacional de Antropología e Historia fue, en sí mismo, un acontecimiento: la confirmación de que el talento y la creatividad surgida de nuestros pueblos pueden aportar unidad, alarga y cultura con otros pueblos y auditorios hermanos y el hecho de estar presentes en uno de los principales foros de nuestro país.
Aquella clausura estuvo engalanada por la presencia del Director de Culturas Vivas de la Secretaría de Cultura Federal, el maestro Diego Prieto Hernández, figura de gran reconocimiento en el ámbito de la antropología y el derecho de los pueblos indigenas. Su discurso recorrió los grandes temas del encuentro: la historia como fundamento de la identidad, el papel de las instituciones en la defensa de la cultura, y los caminos hacia una soberanía cultural que reconozca con respeto y profundidad la diversidad de los pueblos originarios. Su intervención, de un tono reflexivo y de profundo calado institucional, selló el evento con un reconocimiento que trascendió lo protocolario. Su presencia allí, no solo honró a los organizadores, sino que confirmó la relevancia de aquel diálogo multidisciplinario y respetuoso con los pueblos que ha sido parte de la agenda de esta nueva etapa de la nación mexicana.
Visto en su conjunto, el encuentro se reveló como un mapa de la cultura contemporánea. La historia dialogó con el derecho, la medicina con la literatura, la música con el pensamiento crítico. No hubo una sola voz dominante, sino un coro de disciplinas que, desde sus respectivas trincheras, intentaron responder a una pregunta común: cómo preservar y, al mismo tiempo, renovar una identidad latinoamericana que no renuncie a su memoria ni a su capacidad de crear futuro. Cada uno de los ponentes mencionados —desde la Presidenta del PARNAO Fabiola Poblano Ramos, los abogados Dr. José Luis Téllez Ortega y la Dra. Carla Juárez Jiménez hasta el los antropólogos e investigadores Ociel y Libertad Mora, desde la historiadora Dra. Alejandra Moreno Toscano hasta el académico Jorge Veraza, desde el médico tradicional Daniel Vargas Anaya hasta el Dip. Oswaldo González y los demás diputados indigenas puna de Panamá, el escritor José Tlatelpas, la video periodista Darlin Garza, el texto de Carlos Santos, Premio por novela testimonial casa de las Américas 2026, y el representante comunitario Javier Nahui Mejía y demás autoridades indigenas de Huixquilucan, pasando por el director de escritores y los propios creadores musicales: Bárbara Oaxaca, Natalia Castañeda, Fco. Fernando Ruiz-Torres y Marisol Gutiérrez, el danzante José Sevilla— aportaron una pieza esencial a ese complejo pero enriquecedor rompecabezas del arte y la cultura de nuestros pueblos.
Al final, lo que permanece es la imagen de una cultura que se sabe a sí misma en diálogo. Una cultura que mira su historia no para anclarse en ella, sino para impulsarse hacia adelante. Una cultura que reivindica su soberanía, pero entiende que ésta se construye en el intercambio, en el respeto a las diferencias y en la valentía de abrir sus instituciones a la creación.
Tres jornadas bastaron para demostrarlo: América Latina sigue siendo un territorio de encuentros dinámicos y enriquecedores. Y cada voz —la del historiador, la del jurista, la del médico, la del escritor, la del músico— contribuye a esa conversación inconclusa que llamamos identidad. La cultura no es un ornamento de la vida pública; es su razón de ser. Y cuando logra reunir en un mismo espacio a quienes piensan, crean y deciden, se convierte en el eco de un futuro posible, que apenas comienza a escucharse.
El eco de estas jornadas no se apagó con el último acorde de los músicos ni con el discurso del Director de Culturas Vivas Mtro. Diego Prieto. Quedó la esencia flotando en el aire, en las conversaciones de pasillo, en las fotografías compartidas, en los textos que ahora buscan su lugar en la memoria escrita del evento. Pero, sobre todo, quedó como una pregunta abierta para quien se asome a estas páginas: ¿qué hacemos, desde nuestro lugar, para que la cultura no sea un lujo, sino un derecho; para que la soberanía no sea una palabra vacía, sino una práctica cotidiana? El encuentro terminó, pero la conversación, esa que apenas comienza, sigue esperando nuevas voces y caminos.







La cantante Bárbara Oaxaca, el músico y cineasta Fco. Fernando Ruiz-Torres y Natalia Castañeda, quienes junto con Mónica Quijas, y Karla Elisa grabaron dos álbumes de rescate de música indígena “Tlahuac 800 Años” con la revista La Guirnalda Polar, el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y la Escuela Nacional de Antropología e Historia, presentando música de origen indígena rescatada y algunos poemas sobre el pueblo originario de Tlahuac por José Tlatelpas musicalizados por Kyoko Matsumoto y Fco. Fernando Ruiz Torres.