La gloriosa Tenochtitlán: 700 años de historia, resistencia y futuro

Miembros del Grupo Japsun y Tlahtokan del Anahuac

Ciudad de México, julio de 2025. – Durante los días 25 y 26 de julio, la plaza central de México, conocida como el Zócalo capitalino, se convirtió en el centro ceremonial de una conmemoración sin precedentes: los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán. Esta magna celebración fue mucho más que un acto simbólico o una recreación histórica: fue una afirmación viva del pasado, presente y porvenir de los pueblos originarios, del corazón indígena y particularmente mexica de la nación, y de una espiritualidad que resiste desde hace cinco siglos.

Por primera vez desde la invasión europea, el antiguo ombligo del mundo mesoamericano fue escenario de ceremonias rituales prehispánicas realizadas por ministros religiosos indígenas reconocidos oficialmente.

Participaron en la celebración las más altas autoridades del país, representantes de los pueblos y barrios originarios, grupos de la mexicanidad y miles de ciudadanos que acudieron a rendir homenaje al espíritu de una ciudad que, aunque destruida en su cuerpo de piedra, sigue viva en su raíz cultural.

Un aniversario inédito

El evento contó con la presencia de la presidenta de la República, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, quien destacó que este homenaje no era únicamente a una ciudad antigua, sino al fundamento mismo de la identidad mexicana. La acompañó la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, cuya administración decretó en diciembre del año pasado la Celebración de los 700 años de México-Tenochtitlán durante todo 2025. Este evento es la culminación de otro importante reconocimiento que la hoy presidenta de México realizó en 2021, cuando se celebraron tres fechas clave para la historia nacional: la fundación de México-Tenochtitlán, los 500 años de la caída de Tenochtitlán ante los españoles (1521–2021) y los 200 años de la consumación de la Independencia (1821–2021).

En este año, Clara Brugada jugó un papel clave al convocar, por primera vez, junto con la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios (SEPI), cuatro foros públicos que reunieron a cientos de representantes de pueblos indígenas para elegir democráticamente a los cinco grupos responsables de las ceremonias, danzas y velaciones.

Lo relevante no fue solo el número de asistentes, sino el proceso democrático, autónomo y participativo con el que se construyó la conmemoración. Nunca antes se había organizado un aniversario de Tenochtitlán con este nivel de inclusión, horizontalidad y participación indígena.

Rituales que abren el tiempo

La noche del 25 de julio fue particularmente significativa. Bajo una intensa lluvia —que los ministros de la religión indígena del grupo JAPSUN (Junta Pacayeliztli de Saberes Tradicionales) interpretaron como señal sagrada, ya que en su calendario este era el día 1-Lluvia—, a medianoche condujeron las ceremonias nocturnas de velación, con danzantes concheros, músicos rituales, portadores de copal y portadores del fuego tradicional. 

Diversas agrupaciones de la mexicanidad, así como representantes de pueblos indígenas de diferentes regiones, se unieron en un momento de comunión espiritual.

La ceremonia religiosa y calendárica central fue encabezada por el curandero o ticitl José Ricardo Ruiz, reconocido oficialmente como ministro religioso prehispánico por organizaciones indígenas nacionales e internacionales y por el Gobierno de la Ciudad de México. A su lado estuvo el guía espiritual maya Tat Gerardo Luna, lector del calendario sagrado. Ambos condujeron una ceremonia del fuego y una lectura ritual del calendario mexica, integrando elementos del sistema maya. Esta ceremonia fue traducida al náhuatl y al español, y también fue acompañada con invocaciones mayas. Sus oraciones rituales resonaron en el corazón de la ciudad, donde siglos atrás fueron proscritas y perseguidas.

A la medianoche, un círculo de aproximadamente 60 personas acompañó la ceremonia del tonalpohualli o calendario sagrado, donde se evocó el vínculo entre el agua, el rayo, la fertilidad y el tiempo cíclico, así como los 700 años de la fundación de la ciudad. Los rezos fueron pronunciados en lenguas originarias, el fuego fue alimentado con copal y ofrendas de plantas aromáticas, tabaco y flores, y se recordó a los ancestros con cantos sagrados. Fue un momento cargado de solemnidad, pero también de gozo y restitución espiritual.

El sol al centro: fuego y memoria

El día 26 de julio, justo al mediodía —cuando el sol pasa por su segundo cenit anual y no proyecta sombra—, se realizó otra Ceremonia del Fuego, un acto que no se había celebrado públicamente en ese espacio desde hace más de 500 años. Esta ceremonia marca un momento de “verticalidad solar” en el calendario mesoamericano, símbolo del equilibrio cósmico y el renacimiento de la energía vital. Cientos de danzantes presentaron sus danzas ceremoniales y varios miles de personas fueron espectadores de este evento, inclusive una importante cantidad de niños en edad escolar.

El fuego ceremonial fue encendido por los ministros religiosos que participaron en la velación, quienes convocaron a la unidad de las distintas tradiciones presentes. El gesto fue profundamente político: recuperar el centro del tiempo en el mismo sitio donde los antiguos templos mexicas fueron sustituidos por símbolos del poder colonial. La ceremonia fue un acto de sanación y de continuidad: “Lo que nos fue arrebatado con violencia hoy lo reencendemos con dignidad”, expresó un jefe de la danza del grupo Tlahtokan.

Testimonios del recuerdo

El ticitl José Ricardo Ruiz, guía espiritual nacido en Tenochtitlán y de linajes del pueblo de Tláhuac y Tenochtitlan, compartió con los asistentes:

Esta ceremonia no es un acto simbólico. Es la reactivación de nuestra soberanía espiritual y sus códigos ancestrales. Cada danza, cada ofrenda, cada palabra pronunciada en nuestra lengua es un acto de vigencia cultural. Aquí donde antes fuimos silenciados, estamos presentes y hoy volvemos a cantar.

El Tat Gerardo Luna, por su parte, recalcó el papel de los pueblos mayas y el diálogo entre cosmovisiones originarias:

El calendario no es una cuenta matemática: es una forma de leer el alma del tiempo. Cuando danzamos el fuego, estamos danzando el destino de nuestra gente.”

Un homenaje desde abajo

La conmemoración también fue un momento de homenaje a figuras que ya partieron al descanso y que, desde la lucha social, defendieron la dignidad de los pueblos. Se recordaron nombres como el curandero Martín Océlotl, el cantante y activista José de Molina, el muralista revolucionario José Hernández Delgadillo, los poetas Mario Ramírez y Leopoldo Ayala, los médicos tradicionales Armando durán, Jorge López Salgado, Raquel Huerta Parra, Tata Gregorio Camacho Leiva, tata Pedro Ixchop Soc, la luchadora social Lilia Gema Soto, presidenta municipal de Oaxaca abatida por sicarios, todos ellos respetados defensores del territorio y la cultura indígena. Sus rostros y nombres fueron evocados no solo como mártires lejanos, sino como herederos contemporáneos del espíritu tenochca y personajes de respeto.

La diversidad como fortaleza

Aunque los grupos participantes no realizaron un único ritual conjunto, es de notar que sí estuvieron juntos en esta fecha específica y con el mismo propósito. La unidad en la pluralidad fue celebrada como una riqueza, no como un obstáculo. Y los cinco grupos responsables del evento trabajaron con seriedad, elegancia y respeto.

Destacó la participación del grupo de pueblos originarios tenochcas JAPSUN Medicina Tradicional, representado por los ticitl José Ricardo Ruiz, Daniel Vargas Anaya y Leonor Alpízar Sánchez, quienes fueron acompañados por el Tat Gerardo Luna.

También destacó la presencia del grupo Tlahtokan del Valle de Anáhuac, representado por Fabiola Poblano Ramos e importantes jefes de la danza. Con este grupo estuvieron presentes reconocidos danzantes como Yoyotzin, Iztli, Xibalbá, Coyote y muchos más.

Otros tres grupos de la mexicanidad, como Tenochtitlán Vive, representado por el danzante Yei, presentaron danzas y ceremonias. Estuvo presente un calpulli llamado Altepetl Mexica, coordinado por Ituriel Moctezuma y Cuauhxicalli, quienes condujeron diferentes ceremonias conforme a sus tradiciones. El último de los grupos coordinadores fue el grupo de danza Cemanáhuac, coordinado por Ocelocóatl.

La coordinación del evento general estuvo a cargo del Dr. Alfonso Suárez del Real, asesor político en la Coordinación General de Comunicación Social y Vocería de la Presidencia de la República; el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, Lic. César Arnulfo Cravioto Romero; y el Lic. Argel Gómez Concheiro, subsecretario de Grandes Festivales de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, quien operó en representación de la secretaria de Cultura, Mtra. Ana Francis López Bayghen Patiño. En la celebración de los foros que dieron origen a la organización del evento, destacó la participación del director de teatro Édgar Castelán, representante especial de la Secretaría de Cultura, y del Lic. Rafael Castelán, representante de la Secretaría de Pueblos, SEPI, encabezada por la Lic. Nelly Juárez Audelo.

La convivencia pacífica en un mismo espacio fue construida sobre el respeto mutuo y la horizontalidad, y fue interpretada como una metáfora de la nación que podría ser: diversa, justa, unida y con raíces profundas.

En paralelo, se presentaron actividades culturales y escénicas: el Ejército Mexicano ofreció una obra teatral sobre la fundación de Tenochtitlán, se instaló un memorial frente al Palacio Nacional con una réplica del Teocalli de la Guerra Sagrada, y artistas, cronistas, fotógrafos y medios independientes documentaron el evento desde múltiples ángulos.

Tenochtitlán, ciudad que no muere

Tenochtitlán no es solo un capítulo en los libros de historia. Fue una ciudad monumental con ingeniería avanzada, organización política compleja y una cosmovisión profundamente espiritual. Su caída, hace 500 años, no significó el fin de su legado. La ciudad persistió en la lengua, en los cantos, en las danzas, en los calendarios que nunca dejaron de marcar el paso del tiempo en los pueblos.

Como recordó la presidenta Sheinbaum en su discurso:

La grandeza de Tenochtitlán no fue solo su fuerza y belleza, sino su alma, el espíritu indómito de un pueblo que emergió de la nada para crearlo todo, que convirtió una isla inhóspita en un imperio, que amó tanto a sus dioses, a su tierra y a sus ancestros, que fue capaz de ofrecer su corazón para que el sol siguiera saliendo todos los días.”

Por su parte, Clara Brugada Molina, jefa de Gobierno de la Ciudad, celebró que: “Hoy es el día, como hace 700 años, en que el sol vuela como una inmensa y poderosa águila sobre la Cuenca de México“.

También estuvieron presentes organizaciones sociales como la Unión de Trabajadores del Campo Nayarit, el Grupo Movimientos Sociales-MUP-UPREZ, el Grupo Cultural Maíz Rebelde, Prepa Popular Tacuba, el Consejo Autónomo de Pueblos y Barrios Originarios, el Parlamento Indígena Internacional PARNAO, entre otros.

Hoy, a 700 años de su fundación, Tenochtitlán se nos revela no como un conjunto de vestigios arqueológicos, sino como una brújula. Nos recuerda que el futuro solo se construye desde la raíz, que la verdadera modernidad implica reconciliarse con los orígenes, y que honrar el pasado es un acto de resistencia frente al olvido.

Un compromiso con el futuro

La conmemoración dejó varias lecciones. Una de ellas es que la historia oficial no puede seguir ignorando la voz de los pueblos originarios. Otra, que las políticas públicas deben dejar de ver a las culturas indígenas como folclor y reconocerlas como sistemas vivos, con derecho a su espiritualidad, a sus lenguas, a sus formas de organización y a su territorio.

El dirigente de la UPREZ Jaime Rello también estuvo presente y felicitó al pueblo mexica por este importante e histórico aniversario.

En palabras de una joven danzante originaria de Milpa Alta, presente en el ritual de la madrugada:

Venimos porque aquí está nuestro corazón. Aquí resistimos. Aquí sanamos. Aquí seguimos siendo.”

Tenochtitlán permanece. Es un capullo que se abre en los pueblos, en los calendarios, en el fuego, en las lenguas, en las luchas, en los cantos, en las manos que curan, en los pies que danzan y en los ojos que recuerdan. “Mientras exista el mundo, no acabará la gloria ni la fama de México-Tenochtitlán.”

tenochtitlan 700 años, guerrero tigre
Tenochtitlan 700 años, guerrero tigre. Foto por Chango Films.
Miembros del Grupo Japsun y Tlahtokan del Anahuac
El cineasta F. Fernando Ruiz Torres, el tat Gerardo Luna, el ticitl José Ricardo de JAPSUN, y Fabiola Poblano Ramos del Tlahtokan del Anahuac y del Consejo Autónomo de Pueblos y Barrios Originarios. Foto de Chango Films.
El tat gerardo Luna quien acompaño la Ceremonia Mexica delCalendario y del Fuego
El tat Gerardo Luna quien acompaño la Ceremonia Mexica del Calendario y del Fuego. Foto de Chango Films.

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